
"El catt con la FUERZA DE LA RAZÓN"
Gran Canaria
11/09/2008 Actualizada el 11/09 a las 23:09
15.000 se remojaron en El Charco
(Foto: Francisco Socorro)
En la catarsis colectiva de El Charco algunos aprovecharon para manifestarse sus afectos.
Alrededor, gente, agua y lisas, en una fiesta integradora que sigue muy viva.
Adolfo Santana La Aldea
Al final, los amantes del remojón anual en El Charco dieron la razón al alcalde aldeano, Tomás Pérez, quien había sostenido los días previos que pese a caer este año la fiesta entre semana, la afluencia iba a ser grande en un día que se presentó sin sol, con cielo entoldado, ligera lluvia a ratos y con 15.000 personas en la costa.
El rito de todos los años se cumplió ayer en La Aldea de San Nicolás sin más variantes con respecto a ediciones anteriores que la ausencia del sol, aunque el día se presentó bochornoso, con una temperatura en torno a los 25-27 grados y con la fugaz aparición de goterones de lluvia que no empañó la brillantez de una fiesta que volvió a registrar una catarsis colectiva, con la asistencia de unas 15.000 personas, según los datos proporcionados por Protección Civil y Policía Local de La Aldea de San Nicolás.
Desde muy temprano, los aldeanos, los que habitualmente residen en el valle y los muchos que suelen subir todos los años a compartir la fiesta, empezaron desde primeras horas del día a bajar hacia la playa, ocupando sitio bajo los tarajales del parque Rubén Díaz y poniendo en marcha unos tenderetes que alcanzaron su apogeo a primeras horas de la tarde, después del baile amenizado por la Banda de Agaete en el muelle y antes de que sonara el volador que indicara el momento del remojón en las aguas de El Charco.
En estos tenderetes se veían personas de los más dispares rincones de la Isla, e incluso de más lejos, como el grupo que componían la familia Quintana Martín, de Tejeda, la familia Sánchez Ramos, de La Aldea y la familia Moreno García que tenía invitados de Extremadura, entre los que figuraba Marcelino Sánchez, que no salía de su asombro al ver el gentío que se iba arremolinando en torno a lo que él consideraba un espacio corto para que se pudiera bañar tanta gente.
Poco más allá estaba la representación de la Banca, con un nutrido grupo en el que se divertían sus huesos el ex alcalde de Valsequillo, Francisco Ramón Sánchez Robaina, Cristóbal Rodríguez y otros. Algunos adobaron la espera con un asadero de lapas cuyos efluvios impregnaban medio parque y repartían viandas entre los más rezagados. Rondallas, parrandas o, simplemente, grupos de amigos rasgueaban las guitarras y timples y ponían sonido a una tarde que avanzaba hacia las cinco, la hora emblemática del aviso para el baño.
El Charco este año tenía menos agua que en otras ocasiones, dado que estaba la marea vaciando, pero ello no fue óbice para que cuando Tomás Pérez se acercó a la orilla y disparó el volador, todo el mundo se dirigiera en tropel hacia las aguas, a las que tornaron marrón en contados minutos. Empezó entonces la pesca de la lisa, con redes, nasas, cestas y a mano, especialidad en la que destacó un robusto aldeano que se dedicó a exhibir la lenta agonía de los peces fuera del agua con dos de ellos en sus manos.
El apogeo del rito tuvo una intensidad de media hora larga, mientras en la orilla la Banda de Agaete no cesaba en sus sones de «canarios somos, canarios seremos». Al final, del barrizal emergieron los últimos entusiastas de una fiesta que se celebró con absoluta normalidad si exceptuamos dos incidentes, uno al tirarse un joven por la escollera del puerto, resultando con heridas leves y otro, que tuvo lugar en el Andén Verde, al derrapar un hombre con su moto y ocasionarse heridas de alguna consideración en una mano. Por lo demás, alegría y ganas de repetir.
Relajarse por un día.
Tomás Pérez, el alcalde aldeano, junto a sus concejales y algunos de la oposición, como Víctor Suárez, que cumplió un año más con el rito del baño, participaron activamente en la fiesta, sabedores todos que, tras el relajo, tienen trabajo de sobra para tratar de combatir la plaga de mosca blanca. Hoy están citados en el Cabildo a las nueve en punto.
Una fiesta a la que hay que respetar un poco más.
La verdad es que, en líneas generales, el comportamiento de las cerca de 15.000 personas que asistieron ayer a la Playa de La Aldea, de las cuales, una inmensa mayoría participó luego en el remojón en El Charco, estuvo a la altura de un rito que para los aldeanos y muchos canarios tiene carácter de sagrado y que hay que cuidar entre todos para llevarlo lo más puro y lejos posible.
Algunos, uno pocos, ya escribo, siguen empeñados en distinguirse en medio de la alegría general y acuden en bañador o con atuendos que nada tienen que ver con este legado heredado de nuestros ancestros. Por otra parte, el empeño que está poniendo una determinada marca comercial de bebidas en uniformar a todos los asistentes a las principales fiestas de nuestros pueblos ya merece un toque de atención. Bien está lo que está bien y que cada empresa trate de promocionar sus productos, pero hacerlo en una fiesta, repartiendo camisetas, incluso entre jóvenes de menos de quince años, que se convierten en anuncios andantes de una marca, no puede ni debe seguir consintiéndose. Ya no es el caso sólo de La Aldea, sino que la costumbre la hemos visto poner en práctica en otros lugares, como Lomo Magullo y Teror.
Por lo demás, La Aldea de San Nicolás volvió a vibrar en un baño intergeneracional en el que participaron desde ancianos hasta niños de corta edad que iban a hombros de sus padres. El Charco cumplió con creces un año más su papel de encuentro y cohesión social y familiar de todos los que participaron, como muy bien escribiera en el programa festero de este año el cronista aldeano Francisco Suárez Moreno.
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